El solsticio de verano es el momento del año en que el Sol está en lo más alto del cielo, y en él se inspira esta obra. El cálido resplandor de un sol invisible proyecta una suave luz sobre una esbelta figura, que parece comunicarse con el vasto cielo con un simple gesto. Los elementos acentúan el eje vertical, atrayendo la mirada hacia arriba y fomentando la contemplación de la escala y la relación entre el individuo y el cosmos.
La paleta evoca un sentimiento de nostalgia y atemporalidad. Se busca la paz y la calma en este momento congelado en el tiempo, que invita a detenerse y reflexionar sobre la belleza de lo imposible, el equilibrio de la naturaleza y nuestro lugar en un universo de infinitas posibilidades.
• Marco no incluido.











